jueves, 3 de mayo de 2018

LA ASOCIACIÓN “CINE Y CHOCOLATE” PROYECTA EL DOMINGO 6 DE MAYO EN EL CINE IDEAL A LAS 10H30’ LA PELÍCULA “YO, DANIEL BLAKE” de Ken Loach


Ken Loach es al 7º arte lo que, por ejemplo, Jack London es a la literatura: un hacedor de conciencias. Su cine fluye natural como la vida misma, abordando temas sociales con tal brío, capacidad de análisis y pertinencia política que no pocos cineastas de la industria del celuloide actual le llegan tan siquiera a la altura del tobillo. Con estilo sencillo, depurado y sintético, y en la mayoría de los casos con la ayuda inestimable de su guionista preferido Paul Laverty, Ken Loach consigue emocionarnos y rebelarnos contra un sistema injusto e infame.
 
Fue el caso, por ejemplo, en “Mi nombre es Joe” (1998), una tragedia social con toques de comedia absolutamente redonda o en “Un mundo libre” (2007), una denuncia inapelable de quienes se forran explotando a los inmigrantes “ilegales”. Ahora con más de 80 abriles a sus espaldas el cineasta británico nos regala una historia que nos atrapa de principio a fin. Un auténtico mazazo contra quienes niegan la tranquilidad de los que nada tienen. Daniel Blake (impresionante de autenticidad Dave Johns), un obrero de 59 años, viudo y con problemas cardiacos graves está obligado a dejar de trabajar. Ocasión sin igual para descubrir el calvario de las gestiones burocráticas que permitan a este trabajador modélico, que no ha sido vago ni delincuente, conseguir las prestaciones sociales (desempleo y pensión) para poder seguir viviendo. En este sentido las diversas entrevistas en la Agencia para el Empleo con un personal totalmente deshumanizado, y que hace abstracción de su enfermedad, son desesperantes y diabólicas. Una odisea que sólo hallará cierto sosiego en el encuentro casual con una mujer, madre soltera con dos hijos pequeños y víctima igualmente de un sistema que la desahucia en todos los órdenes. En resumen, cine de “realismo social” que sin duda tendrá sus detractores/as pero que incita a todos/as a reflexionar sobre lo que nos cuenta.

Ken Loach es al 7º arte lo que, por ejemplo, Jack London es a la literatura: un hacedor de conciencias. Su cine fluye natural como la vida misma, abordando temas sociales con tal brío, capacidad de análisis y pertinencia política que no pocos cineastas de la industria del celuloide actual le llegan tan siquiera a la altura del tobillo. Con estilo sencillo, depurado y sintético, y en la mayoría de los casos con la ayuda inestimable de su guionista preferido Paul Laverty, Ken Loach consigue emocionarnos y rebelarnos contra un sistema injusto e infame.
Fue el caso, por ejemplo, en “Mi nombre es Joe” (1998), una tragedia social con toques de comedia absolutamente redonda o en “Un mundo libre” (2007), una denuncia inapelable de quienes se forran explotando a los inmigrantes “ilegales”. Ahora con más de 80 abriles a sus espaldas el cineasta británico nos regala una historia que nos atrapa de principio a fin. Un auténtico mazazo contra quienes niegan la tranquilidad de los que nada tienen. Daniel Blake (impresionante de autenticidad Dave Johns), un obrero de 59 años, viudo y con problemas cardiacos graves está obligado a dejar de trabajar. Ocasión sin igual para descubrir el calvario de las gestiones burocráticas que permitan a este trabajador modélico, que no ha sido vago ni delincuente, conseguir las prestaciones sociales (desempleo y pensión) para poder seguir viviendo. En este sentido las diversas entrevistas en la Agencia para el Empleo con un personal totalmente deshumanizado, y que hace abstracción de su enfermedad, son desesperantes y diabólicas. Una odisea que sólo hallará cierto sosiego en el encuentro casual con una mujer, madre soltera con dos hijos pequeños y víctima igualmente de un sistema que la desahucia en todos los órdenes. En resumen, cine de “realismo social” que sin duda tendrá sus detractores/as pero que incita a todos/as a reflexionar sobre lo que nos cuenta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario