Casablanca
es ante todo una inolvidable y romántica historia de amor; un tiempo
de cruenta guerra y gloriosas resistencias; es una ciudad exótica y
fascinante, refugio de perseguidos por el nazismo; es también la
cita obligada de la chusma del lugar en el cosmopolita Rick’s
Café Americain; y, por supuesto, es la melódica, tierna y pegadiza
canción soberbiamente interpretada por Sam (Doodley
Wilson)
al piano para estremecer a la bellísima Ilsa Lund (Ingrid
Bergman):
“As Time Goes By” (“El tiempo pasará”). Un tiempo, sin
embargo, que no ha marcado la película, manteniéndose hasta
nuestros días fresca como una rosa, y convirtiéndose además con el
transcurso de los años en un auténtico mito cinematográfico.
La
película debía haber sido realizada por Howard
Hawks
(“Los caballeros las prefieren rubias”, “El Dorado”) e
interpretada por Ronald
Reagan
y Ann
Sheridan,
pero finalmente, en el último momento, la Warner Bros, productora
del filme, decidió que la rodara Michael
Curtiz
(Budapest, 1888 – Los Ángeles, 1962), un dignísimo artesano que
había llamado la atención de Hollywood por su larga y rica
producción cinematográfica en Hungria y Austria, años antes de
instalarse en Estados Unidos en 1927.
Director
de películas como “El capitán Blood”, “Robín de los bosques”
o “Dodge, ciudad sin ley”, Michael
Curtiz
cuenta en “Casablanca” con un elenco actoral de primer orden:
Humphrey
Bogart,
Ingrid
Bergman,
Paul
Henried,
Claude
Rains,
Peter
Lorre,
etc., de esos que hacen época, y de una serie de frases que perduran
para siempre en el recuerdo, como la que precede la palabra Fin entre
Bogart y Claude Rains - Rick y el jefe de policía Renault - “esto
podría ser el principio de una bella amistad”, preludio de una
lucha común por la libertad

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