Bill Forsyth
(Glasgow, 1946) es un cineasta escocés que se adentró en el mundo
cinematográfico con tan solo 17 años. Un poco más tarde estudió en la escuela
de cine, y a finales de los años sesenta trabajó como asistente de montaje en
la BBC. Forsyth atrajo la atención
del público desde su primer largometraje That
Sinking Feeling (“Esa sensación de hundimiento”) (1979); una comedia que
cuenta la historia de cuatro adolescentes desempleados en la melancólica y
lluviosa ciudad de Glasgow. Iniciando así una carrera cinematográfica marcada
principalmente por la comedia costumbrista con tintes dramáticos. Por tanto, un
cine realista, pero impregnado, eso sí, de cierta magia y, también, de una
profunda y saludable calidez humanista.
Es,
pues, el caso de este interesante filme, Local
Hero (“Un tipo genial”). Una fábula moral que plantea el contraste entre una
vida materialista dominada por el dinero (el capitalismo) y una vida más
tranquila (mucho menos interesada y más en contacto con la naturaleza), en la
que la prioridad sea, precisamente, disfrutar de la existencia. Para ello, Bill Forsyth, empleando un estilo
bastante contenido (quizás el punto débil de la película), sitúa a sus
personajes principales (los del ejecutivo, papel interpretado por Peter Riegert, y el del magnate del
petróleo al que da vida Burt Lancaster)
ante la tesitura de zanjar entre lo vital y lo secundario. Por consiguiente,
una cinta en apariencia banal pero que encierra en sí una buena dosis de
crítica a la sociedad capitalista que sólo ve lucro en su mirada.
Resumiendo,
como vemos, un cine nada lejano del de Frank Capra, John Ford o incluso García
Berlanga. Pensamos en “Qué bello es vivir” (1946); “El hombre tranquilo” (1952)
o “Calabuch” (1956). Ahí es nada.






