“La finalidad de la depuración de los maestros era la destrucción de la obra escolar republicana, acabar con el laicismo, la coeducación, la organización democrática de la enseñanza y el espíritu de innovación pedagógica”, precisa la presentación del libro, “La depuración del magisterio nacional”, del historiador e investigador granadino Francisco Morente Valero (Ediciones Ámbito). Una decisión política que supuso más de 50.000 maestros depurados por el régimen de Franco.
La película de Patricia Font (Barcelona, 1978) se sitúa años antes de esa funesta decisión. Concretamente en el año 1935, cuando Antoni Benaiges (Enric Auquer), un maestro de Tarragona, es destinado a la escuela pública de Bañuelos de Bureba, un pueblo de la provincia de Burgos. Lugar donde, gracias al método Freinet (pedagogo francés), pionero y revolucionario para la época, comienza a transformar la vida de sus alumnos, pero también la de sus habitantes, contrariando así a los más recalcitrantes. Anunciadores estos, de la represión que poco tiempo después se cernería sobre una enseñanza que, ante todo, quiso acabar con ancestrales oscurantismos, y de ese modo, formar alumnos libres y críticos.
Aunque por momentos la cinta privilegia el sentimentalismo frente a la cruda realidad, la historia verídica que cuenta la directora catalana tiene un incuestionable calado humano y una enorme carga denunciadora de un fascismo que, después, se impondría durante muchos años.

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