Citemos a Román Gubern, prestigioso historiador cinematográfico: “Crear de la nada una cinematografía nacional vigorosa no es cosa fácil, y más cuando el pulso intelectual de España andaba tan divorciado del resto del mundo. Mientras en Italia se hace Roma, ciudad abierta, y en París se representa Las manos sucias de Sartre, una encuesta revela que los títulos preferidos del público español son Locura de amor, El pescador de coplas y Currito de la cruz. Es como para echarse a llorar”.
Ante
este penoso panorama cinematográfico español de los años 1940 y 50, un grupo de
cineastas, empresarios, periodistas y escritores españoles decidió reunirse en
la Universidad de Salamanca, en mayo de 1955, echar por la borda tanta
mediocridad y fundar un cine que se
inscribiera en la realidad política y social de aquel momento histórico. Nació
así el “Nuevo Cine Español”, y con él nombres como los de Saura, Picazo, Summers, Borau o Basilio Martín
Patino. Un cine, además, que marcaría los años 60 y 70 y cimentaría el
futuro del 7º Arte hispano.

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