El
musical es un género cinematográfico genuinamente norteamericano. El concepto
del espectáculo que predomina en todos los aspectos de la sociedad de Estados
Unidos tiene en el cine uno de sus mayores exponentes. Y, dentro de él, las
cuidadas coreografías, las inolvidables melodías y las obras maestras puestas
en escena por cineastas que han marcado indeleblemente su historia. Pues bien,
“La La Land” o “La ciudad de las estrellas”, que para el caso es lo mismo, es
sin duda alguna una de ellas. Así lo ha reconocido la profesión y también el
público que se ha sentido transportado a la época dorada del cine musical.
Cuando éste y el cine policiaco, allá por los años 1940 y 50, imponían su ley en Hollywood.
La
película dirigida por el joven cineasta estadounidense Damien Chazelle (Providence, 1985), realizador de la también
musical “Whiplash” (2014) de gran éxito comercial, con música de Justin Hurwitz y del editor musical, el
bastetano Anele Onyekwere, narra la
historia de Mia (excelente Emma Stone)
y Sebastian (Ryan Goslin), dos
empedernidos soñadores que buscan alcanzar sus sueños en el cine y en la
música.
Bien
narrada e interpretada, con una puesta en escena verdaderamente mágica, la
película de Chazelle es una
explosión de vitalidad y energía plástica con momentos de sublime emoción,
donde la música y el baile trasladan al espectador/a actual a un mundo muy alejado
de la mediocridad cotidiana que le rodea. Aspecto éste, entre otros muchos, que
hacen de este maravilloso filme un producto de innegable valor terapéutico.
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