« Me
llamo John Ford y hago westerns”.
Con esta tarjeta de presentación, el cineasta norteamericano nacido
en el estado de Maine, en 1894, y fallecido en el de California, en
1973, quiso aparecer ante los/as amantes del 7º arte como un simple
artesano de un género eminentemente norteamericano: el cine del
Oeste. Sin embargo, este director, maestro de maestros, realizó
numerosas películas (comedias, dramas, cine de aventuras, cine
social, películas históricas, etc.) que nada o poco tienen que ver
con el emblemático western. Aunque es bien cierto que es en ese
género cinematográfico por excelencia, donde el venerado John
Ford,
vierte convincentemente la quintaesencia de sus constantes
preocupaciones morales, políticas, filosóficas y estilísticas.
Es
el caso, sin duda alguna, del magnífico western “El hombre que
mató a Liberty Valance”. Una película que cuenta la historia de
Ramson Stoddard, un joven abogado que viaja en diligencia a Shinbone,
un pueblo del Oeste, para ejercer la abogacía e imponer la ley.
Ocasión que ni pintada para que John
Ford
nos hable con énfasis de justicia, amistad, amor, familia, coraje y
honor; de la distancia entre realidad y leyenda, y sobre todo, con
ironía sardónica, de los pilares que sustentan la historia y la
democracia estadounidense. Todo ello retratando con absoluto dominio
narrativo, y en un blanco y negro sobrio y nostálgico, a unos
personajes crepusculares, atormentados y llenos de matices,
interpretados por los míticos James
Stewart
y John
Wayne.
En definitiva, una película que, como los buenos caldos de la
tierra, se enriquece y engrandece con el paso del tiempo.

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