lunes, 29 de diciembre de 2014

LA ASOCIACIÓN “CINE Y CHOCOLATE” PROYECTA EL DOMINGO DÍA 4 DE ENERO EN EL CINE IDEAL A LAS 10H30’ LA PELÍCULA: “TODOS A LA CÁRCEL” (1993) de Luís García Berlanga

Pasarán 100 años, y Todos a la cárcel seguirá estando de actualidad. Puede que no en la forma cinematográfica realizada pero sí en el fondo del asunto tratado, tal es, al parecer, la idiosincrasia y el temperamento hispanos. Eso es lo que Luís García Berlanga (Valencia 1921, Madrid 2010) trata de decirnos en esta película dirigida después de La Vaquilla (1985) y antes de su última producción París-Tombuctú realizada en 1999.

Aunque lejos de la calidad artística y cinematográfica de sus obras maestras como ¡Bienvenido, Mister Marshall! (1952), Plácido (1961) o El verdugo (1963), Todos a la cárcel mantiene la tónica que caracteriza al cineasta valenciano: narración coral, humor corrosivo, mordaz ironía y una sátira ácida de la realidad sociocultural y política española.
En esta ocasión, con ritmo frenético, buenos gags que aseguran divertimento y mucha mala leche, la historia se centra en la cárcel modelo de Valencia durante el gobierno de Felipe González donde se celebra el Día Internacional del Preso de Conciencia. Con tal motivo gentes de la política, la cultura y el espectáculo asisten al acto y aprovechan la oportunidad para intentar hacer lucrativos e ilegales negocios. Razón suficiente para que Berlanga haga desfilar ante nuestras atónitas retinas una serie de personajes esperpénticos, interpretados aquí por la flor y nata de la comedia española, conformándonos una visión grotesca y ridícula de nuestra sociedad. Por otra parte nada alejada de la realidad cotidiana como la actualidad más candente demuestra de manera abundante y generosa.

En definitiva, un cine el de Luís García Berlanga que se inscribe de lleno en nuestra historia pasada y reciente para, a través de la comedia disparatada y la estruendosa carcajada, criticar la sociedad y sus imperfecciones. Utilizar la hilaridad como el antídoto necesario a tanto desvarío; reírse de uno mismo para exorcizar el mal.

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