Antes
de convertirse en celuloide, El
Nombre
fue una obra de teatro de gran éxito popular en Francia, con más de
4 millones de espectadores. En 2012 los mismos autores: Alexandre
de la Patellière
y Mathieu
Delaporte
(París, 1971) decidieron adaptarla al cine logrando con ello una
mayor intensidad narrativa y unos mejores ritmo y riqueza visual.
La
historia que los jóvenes cineastas galos construyen
parsimoniosamente no deja ver desde el principio todos los secretos
de la baraja. Al contrario, será a lo largo de la velada que Vincent
(Patrick
Bruel),
un cuarentón triunfador, pasa en casa de su hermana Élisabeth
(Valérie
Benguigui)
y su cuñado Pierre (Charles
Berling),
y en compañía de Claude (Guillaume
de Tonquédec),
un amigo de la infancia, que la “Caja de Pandora” se abrirá
poniendo al descubierto todo lo que se creía olvidado bajo la
máscara de la convivencia familiar. Y lo que en teoría debía haber
sido una reunión entrañable y tranquila, como, por ejemplo, las que
en principio se preparan por Navidad, se transforma en una soirée
un
tanto movida y convulsa. Y todo a causa del nombre que Vincent y Anna
(Judith
El Zein),
su esposa, piensan poner al bebé que esperan.
Otras
películas, por la unidad espacio-tiempo, el grupo reducido de
actores y la animadversión creciente, podrán venir a la mente del
espectador/a. Por ejemplo, Un
dios salvaje
de Roman
Polanski
o Secretos
y mentiras
de Mike
Leigh,
pero esta comedia radiografía el ser humano de manera más crítica
y profunda, haciendo que todos/as nos podamos ver reflejados/as en
mayor o menor medida.
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