La
frase “carne de cañón”, empleada por autores tan dispares como
William
Shakespeare,
Karl
Marx
o el escritor francés René
de Chateaubriand,
adquiere un significado particularmente cruel cuando hace referencia
a soldados de bajo rango – la carne – que han sido, o son,
devorados por el fuego de los cañones enemigos en guerras espurias.
Un asunto este que el director ruso-norteamericano Lewis
Milestone
(Chisinau (Ukrania) 1895 – Los Ángeles (EE.UU.) 1980) trata de
manera magistral en esta sin duda su principal obra cinematográfica.
Una película que rodada en la infancia del cine hablado (“El
cantor de Jazz” de Alan
Crosland,
1928, fue el primer filme sonoro) se alzó en una de las 10 mejores
películas de todos los tiempos por su calidad técnica y por su
dimensión visionaria y antibelicista.
La
historia basada en la novela homónima de
Erich María Remarque
narra de manera exquisita la vida de un grupo de estudiantes germanos
que parten voluntarios, y con enorme entusiasmo, al frente en la
Primera Guerra Mundial (1914-1918). Un fervor patriótico idealizado
que pronto se transformará en desengaño en escenas inolvidables
como el encuentro de los reclutas con los veteranos, la convivencia
de nuestro protagonista Paul Baumer (excelente Lew
Ayres),
con un soldado enemigo que ha asesinado en una trinchera o el
realismo puro y duro del campo de batalla.
En
definitiva, se trata de una película que además de poner en
evidencia los intereses ocultos en los conflictos armados nos habla
también de una generación de hombres que a pesar de haber escapado
de las bombas, la guerra destruyó. Otras películas lo han hecho
igualmente, pero sin duda, ninguna como en “Sin novedad en el
frente”. Todo un clásico a ver.
No hay comentarios:
Publicar un comentario