“Match
Point” no es el cine al que Woody
Allen
(Nueva York, 1935) nos tiene acostumbrados: comedias burlescas,
sentimentales y autobiográficas como “Sueños de un seductor”
(1972) o “Manhattan” (1979), tampoco al que realizó después de
2005: historias insignificantes de personajes acomodados en busca de
parajes turísticos como “Vicky Cristina Barcelona” (2008) o “A
Roma con amor” (2012). Aquí nos hallamos ante una obra de mayor
calado. Sin duda un punto de inflexión, de distanciamiento, en la
filmografía de este prolífico director con más de 30 filmes en su
haber cinematográfico. Y aunque en esta película Woody
Allen
se mantiene igualmente fiel a su tradicional temática: sexo, muerte,
violencia, sentimiento de culpa, etc., en esta ocasión adquiere
tensión, veracidad y fuerza dramática jamás igualadas.
La
historia se centra en el joven profesor de tenis de origen humilde
Chirs Wilton (excelente Jonathan
Rhys Meyers)
quien traba amistad con Tom Hewett (Mattew
Goode),
un chico multimillonario, enamorándose de su hermana (Emily
Mortimer)
e iniciando una meteórica carrera en las finanzas. Hasta el día
imprevisible en que todo ese mundo bascula al conocer a la bella
y sensual Nola Rice (impresionante Scarlett
Johansson),
una joven americana llegada a Londres para intentar hacer una carrera
artística. Entonces la lucha entre el amor y el deseo, entre el
honor y la traición, entre la verdad y la mentira adquiere tintes
del mejor Dostoievski.
En
suma, una película más bien al estilo de cineastas como Martin
Scorsese
o Quintin
Tarantino
que permite recuperar a un Woody
Allen
más clásico que nunca para hablarnos crudamente y con lucidez
inusitada de los sentimientos ocultos que pueden recorrer un ser
humano.
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