Esperando
el estreno en España de la última película del maestro Scorsese:
“El lobo de Wall Street”, al parecer una denuncia pertinente y
descarnada de los responsables de la actual crisis económica,
igualmente interpretada por el siempre eficaz Leonardo
DiCaprio,
bien vale la pena, en esta ocasión, disfrutar de este thriller
psicológico, desconcertante y fascinante a la vez.
Rodada
por el realizador norteamericano después de “Infiltrados”
(2006), como si hubiese querido abordar un tema alejado de sus ya
tradicionales relatos sobre la droga y la mafia, Martin
Scorsese
(Nueva York, 1942), con igual brío y audacia, nos invita a hacer un
viaje especialmente sorprendente y turbador a Shutter Island.
En
el verano de 1954, los agentes judiciales Teddy Daniels (Leonardo
DiCaprio)
y Chuck Aule (Mark
Ruffalo)
son destinados a una remota isla del puerto de Boston para investigar
la desaparición de una peligrosa asesina recluida en el hospital
psiquiátrico Ashecliffe, dirigido por el siniestro doctor John
Cawley (impresionante Ben
Kingsley).
Hasta aquí, la sinopsis argumental, sin embargo, a medida que nos
adentramos en el entramado de la asombrosa historia, nos vamos dando
cuenta que nada es lo que parece a simple vista y que la realidad que
la pantalla nos muestra se desmorona como un castillo de naipes,
abocándonos, irremediablemente, a un ambiente de intriga y suspense
que recuerda a los mejores filmes del género.
Finalmente,
en una segunda lectura, buscando detrás de las imágenes, el
interesante filme de Scorsese
nos hace también reflexionar sobre lo que ciertos sucesos pueden
producir en la mente del ser humano, hasta el punto de plantear la
pregunta clave de la película ¿qué es mejor vivir como un monstruo
o morir como un hombre bueno?

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