Denis
Dercourt, joven realizador francés,
confiesa ser un ferviente admirador de Alfred
Hitchocock y de Claude Chabrol:
“dos maestros incontestables del cine de intriga y de suspense”, y que por eso,
y también porque adora la música que así
mismo él profesa decidió realizar este trhiller psicológico y dramático. Una
historia que, efectivamente, tiene el ritmo y la intensidad de las películas del mago del suspense y al mismo
tiempo la estética cinematográfica del cineasta que con François Truffaut y Jean-Luc
Goddard fundaron la Nouvelle Vague
en el país vecino, es decir la plasticidad cinematográfica donde el lenguaje
visual prima sobre el lenguaje hablado.
El guión que también firma Dercourt, en este su quinto largometraje, se centra en la historia
de la joven Melanie (turbadora y magnífica Déborah
François) quien, tras dejar de tocar el piano a los diez años de edad por
la actitud indiferente de la Presidenta del Jurado del Conservatorio, la Sra.
Fouchecourt (soberbia Catherine Frot),
va a ser contratada unos años después por ésta para que se ocupe del cuidado de
sus niños. Impresionada por la sensibilidad de Melanie por la música, la Sra
Fouchecourt, pianista de renombre, la convertirá en su “pasante de páginas”.
La película de apariencia sencilla, pero de tramado
complejo permite varias lecturas. Así algunos espectadores/as verán un filme de
intriga, con todo lo que ello implica de emoción y desenlaces imprevisibles,
mientras que otros/as percibirán incluso
una sutil lucha de clases o desmoronamiento de ciertos valores
burgueses. En lo que suponemos todos coincidirán es que “La última nota” reúne
los ingredientes que hacen de ella una buena película: interesante historia,
exquisita interpretación, bella fotografía, sugerente música, excelente color…
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