Basada en la novela homónima Zorba, el griego, escrita por el filósofo Nikos Kazantzakis (1883-1957) en 1946, autor entre otras famosas publicaciones de La última tentación de Cristo (1951) llevada al cine con notable éxito por Martín Scorsese en 1988, la película de Michel Cocoyanis cuenta la intensa amistad y el choque de visiones entre un joven intelectual británico de origen griego Basil (Alan Bates) y Zorba (Anthony Quinn), un hombre mayor, rústico, vitalista y casi analfabeto. Sí, todo eso, pero además, con un insaciable apetito de libertad y vida.
Michel Cocoyanis adaptó libremente el libro de Kazantzakis con el fin de centrar la trama de la película en el choque y complementariedad de los personajes centrales de la historia. Es decir, en simbolizar el conflicto entre la razón (Basil) y la pasión (Zorba), y alejándose del carácter filosófico del texto del libro poder construir una comedia dramática brillante con ribetes de tragedia griega. La puesta en escena está bien ritmada, aunque, según algunos críticos, con altibajos en la trama y ciertos estereotipos. En cualquier caso estamos ante una película que es todo un canto a la vida, aspecto éste que es de agradecer en los tiempos que corren.
Capítulo aparte merecen tanto la banda sonora del genial Mikis Theodorakis (con su inolvidable danza final en la playa cretense) como la fotografía en blanco y negro de Walter Lassally. Sin olvidar tampoco las magníficas interpretaciones de todo el elenco actoral: Anthony Quinn, Alan Bates, Irene Papas y Lila Kedrova. En suma, una obra maestra para reflexionar sobre las imposiciones de nuestra sociedad.

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