Joseph Carey Merrick
(1862-1890), también conocido como El
Hombre Elefante, fue un ciudadano inglés que se hizo famoso debido a las
terribles deformaciones (síndrome de Proteus)
que padeció desde su más tierna infancia. Sometido al rechazo general y pasando
varios años en siniestros lugares y humillantes ferias para exhibición de
fenómenos, solo halló sosiego en los últimos años de su maltratada existencia.
David Lynch
(1946-2025), director, guionista, actor y productor, conocido especialmente por
películas tan relevantes como Terciopelo
azul, Mulholland Drive o la serie
Twin Peaks, se interesó por llevar a la gran pantalla el caso real de Joseph Merrick, particularmente por su impacto emocional, pero igualmente por
la sensibilidad del propio David Lynch
hacia temas como la dignidad humana, la crueldad social o la belleza interior
del ser humano, incluso bajo apariencia monstruosa.
Asuntos
que, con alguna licencia narrativa y en un blanco y negro expresionista y
sobrio, aborda magníficamente el director norteamericano a través del devenir
sobrecogedor de un hombre que por ser diferente físicamente se vio marginado
socialmente en la Inglaterra victoriana de finales del siglo XIX, y en plena Revolución
industrial.
Resumiendo,
una hermosa historia esencialmente humanista y antirracista que conmueve tanto
por su contenido como por la maestría de su puesta en escena. Con secuencias
impactantes, como la del epílogo envuelto en la partitura del Adagio para
cuerdas del compositor estadounidense Samuel
Barber. Sin duda, un formidable sopapo a la ignominia que sufrimos en
nuestros días.

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