Douglas
Sirk,
maestro del melodrama del cine norteamericano de los años 1950, a
quien se le deben obras maestras del género como Escrito
sobre el viento
(1956) o Imitación
a la vida
(1959), debe sentirse profundamente orgulloso de su alumno aventajado
Tood
Haynes,
el joven realizador de Lejos
del cielo.
Todo en esta película recuerda su estilo cinematográfico. Desde el
esplendor visual gracias a la bella fotografía de Edward
Lachman
hasta la elegante fuerza dramática de los textos del propio Haynes,
pasando por la memorable interpretación de Julianne
Moore
y la música de Elmer
Berstein,
llena de emocionantes y sublimes matices.
La
historia que Todd
Haynes
cuenta se sitúa en los Estados Unidos del presidente David
Eisenhower,
un país, en aquellos años (1953-1961), particularmente azotado por
la intolerancia, la hipocresía y los prejuicios raciales. En
concreto se desarrolla en la ciudad de Hartford, la capital del
estado de Connecticut. Allí, una acomodada y modélica ama de casa,
con una existencia aparentemente equilibrada, satisfactoria y
programada según los cánones de la familia burguesa americana, verá
su vida desmoronarse con la llegada de un acontecimiento inesperado.
Un suceso que dilapidará el sueño americano desvelando los frágiles
pilares sobre los que se sustenta una clase social supuestamente
ejemplar, y provocando la aparición de sentimientos enterrados. El
todo envuelto en un cine que ya no se ve, el que agarra el corazón y
lo encoge en un puño. Con la plusvalía poco habitual de hacernos
pensar.

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