Tras
una lucha titánica de más de 50 semanas, la huelga se salda, frente
a la férrea oposición de Margaret
Thatcher,
con una derrota, 3 muertos y 11.000 arrestos. Pese a ello, los
mineros consideraron como victorias el apoyo internacional recibido y
la solidaridad de toda la clase trabajadora británica, incluida la
de un grupo de Gays y Lesbianas de Londres. Y es aquí, donde Matthew
Warchus
(Rochester, 1966) construye su estimable película, es decir
narrando, de manera honesta, sencilla y divertida, el respaldo
incondicional dado por ese grupo de homosexuales a la lucha de los
mineros en un pueblo pequeño de Gales. Un asunto, el de la
homosexualidad, que en aquellos años levantaba (¿hoy no?) ampollas
en la sociedad británica, incluida la clase obrera. Será sólo a
través de la lucha, y de la comprensión recíproca de que se trata
de dos comunidades reprimidas por el mismo sistema, que se harán
trizas prejuicios y tabúes.
Una
película pues que se inscribe en el interesante cine social hecho en
Inglaterra en los últimos tiempos. En línea directa con el cine de
los Ken
Loach
o Mark
Herman.
Producciones que dejan constancia de hechos históricos que de no ser
por el cine, entendido este en su acepción más honorable, irían a
parar a las calendas griegas. Por tanto cine popular, tan necesario
como respirar.
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