Martin
Scorsese
(Nueva York, 1942) le debía a los estudios Universal un éxito
comercial después de la controvertida y fallida económicamente “La
última tentación de Cristo” (1988), una película que, en todo el
mundo, obtuvo el rechazo de los sectores más intolerantes de la
iglesia católica, simplemente por haber humanizado la figura del
Mesías. Entre los proyectos presentados por la conocida productora
en 1991, uno llamó particularmente la atención del cineasta
neoyorquino: “El cabo del miedo”, remake
de
“El cabo del terror”, un thriller
que dirigió en 1962 el director británico Jack
Lee Tompson,
el realizador de “Los cañones de Navarone”. La historia de “El
cabo del miedo” es la del delincuente Max Cady (impresionante
Robert
de Niro)
que acaba de ser puesto en libertad después de 14 años en prisión,
y que busca al abogado Sam Bowden (Nick
Nolte)
para vengarse de él (también de su familia), ya que lo considera
culpable de su larga condena.
Rodada
entre “Uno de los nuestros” (1990) y “La edad de la inocencia”
(1993), obras más sólidas y personales, Martin
Scorsese,
en esta ocasión, se ajusta al canon de película de suspense
hollywoodiense, resaltando en ella temas que le preocupan como el
sexo, la redención y la complejidad de las relaciones entre crimen y
religión. Después vendrían las películas “Infiltrados”
(2006), que le valdría el Oscar al mejor director en 2007, “Shutter
Island” (2010), que “Cine y Chocolate” proyectará el próximo
3 de noviembre, y “La invención de Hugo” (2011), un excelente
homenaje al 7º arte. A la espera del estreno (¿este año?) de “El
lobo de Wall Street”, sobre los responsables de la actual crisis
económica.
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