miércoles, 27 de febrero de 2013

ASOCIACIÓN “CINE Y CHOCOLATE”, DOMINGO DÍA 3 DE MARZO, EN EL SALÓN IDEAL, A LAS 10H30’ PROYECCIÓN DE LA PELÍCULA: “EL SARGENTO NEGRO” (1960) de John Ford

Cineastas del mundo entero, críticos cinematográficos y público en general son unánimes: John Ford (1895-1973) es uno de los pilares fundamentales del cine norteamericano de todos los tiempos. Un cineasta completo (director, guionista y productor) que ha construido su obra cinematográfica a la imagen rica y contradictoria del país que le vio nacer. Hijo de emigrantes irlandeses, John Ford, cuyo verdadero nombre es Sean Aloysius O’Feeney, nació en el estado norteamericano de Maine instalándose en Hollywood en 1917, a la edad de 22 años. A partir de esa fecha y hasta 1966 John Ford dirigió más de 150 películas. Todas ellas de interés. Algunas absolutas obras maestras como “El delator”, “La diligencia”, “La uvas de la ira”, “Qué verde era mi valle”, “Centauros del desierto” o “El hombre tranquilo”. En ellas la puesta en escena, la dirección de actores y el análisis sicológico de los personajes son excepcionales por su sencillez, humanidad y clarividencia.

Criticado de racista por el tratamiento dado a indios y negros en algunas de sus películas, Ford aceptó en 1960 la oferta del guionista James Warner Bellah para llevar a la pantalla “El sargento negro”. Una película, mitad western, mitad drama judicial, en la que el sargento negro Rutledge es acusado del asesinato y de la violación de una joven blanca. Ocasión para que John Ford, con estilo singular y dinámico (el flashback), y en medio de los parajes del Monument Walley, haga un emotivo alegato en defensa del honor de los negros, al tiempo que pone en evidencia los temores y la hipocresía de los blancos. Más tarde, en 1964, y ya enfermo de cáncer, trataría de hacer lo propio con los indios, realizando la desigual “El gran combate”, sobre el trágico destino del pueblo Cheyenne en las áridas reservas de Oklahoma.

En definitiva, ¿John Ford, reaccionario o revolucionario? Más complejo que todo eso. En cualquier caso un cineasta que siempre siguió la máxima de Jean Renoir. “No hacer películas que no ensalcen al hombre”.

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