Werner
Herzog, director de cine alemán (“Aguirre, la cólera de Dios”
1972), junto con muchos otros críticos, considera el cine iraní
como uno de los más importantes del mundo. Y no le falta razón. Con
una producción de más de 100 largometrajes anuales, 200 series de
televisión y 2.400 cortos y documentales, la industria
cinematográfica iraní es la primera de Oriente Medio y África, y
la séptima del mundo entero. Directores como Amir Naderi (“El
corredor” 1985), Abbas Kiarostami (“El sabor de las cerezas”
1997) o Jafar Panahi (“Fuera de juego” 2009) han posibilitado,
junto con otros interesantes realizadores persas, el reconocimiento
internacional de una cinematografía no por desconocida menos
existente. Un cine que surgió en 1900 y que, como toda
cinematografía que se precie, ha evolucionado con el trascurso del
tiempo. Pasando del cine comercial y folklórico a un cine más
reflexivo y crítico con la realidad social y política del Irán
actual.
Es
en ese contexto en el que el joven guionista y realizador Asghar
Farhadi, director de la también galardonada “A propósito de Elly”
(2009), ha situado la historia de “Una separación”. Un relato
lleno de intensidad y emoción que cuenta la vida de una luchadora
pareja de la clase media, Nader y Simin, cuyos valores morales son
puestos a prueba cuando Simin decide separarse de su esposo y
abandonar Irán.
Filmada
con encuadres perfectos, diálogos dosificados y con unas
interpretaciones soberbias, Farhadi nos absorbe desde el principio
al fin de su historia. Interpelándonos sin compasión sobre la vida
y las complejidades del ser humano: el egoísmo, la mentira, la
soledad, la honestidad, la vejez… Consiguiendo además que 123
minutos de metraje parezcan un soplo.
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