Pasaje
a la India es ante todo el encuentro
fructuoso entre el cineasta clásico David Lean (1908-1991), uno de los grandes
directores británicos del siglo XX junto a Alfred Hitchcock, y el novelista
también británico Edward M. Forster (1879-1970), quien en 1924 escribió la
novela en la que se basa el filme. Una obra literaria que despertó un gran
interés en David Lean por sus afinidades temáticas con el escritor, desde su
compartida pasión viajera hasta su visión dramática del conflicto entre el
materialismo y el pragmatismo del espíritu inglés. Al tiempo que supuso para el
cineasta poder salir de un silencio cinematográfico largo de catorce años,
impuesto por el fracaso económico de la no menos interesante y sugestiva La hija de Ryan, rodada en 1970.
En esta ocasión, Lean con 76 años de
edad y en la que sería su última película, cuenta el viaje de Adela Quested
(Judy Davis) y de su futura suegra la Sra. Moore (magnífica Peggy Ashcroft) a
la India colonial en torno a 1920, con el fin de contraer matrimonio con un
magistrado de Chandrapore, una ciudad situada a lo largo del río Ganges. La
avidez de Adela Quested por conocer, las costumbres y la cultura indias le
conducirá a enfrentarse con su propia identidad, sobre todo a partir de que el
doctor Aziv (Victor Banerjee) le hará visitar las cuevas de Marabar.
En suma el último filme de David Lean insiste en los parámetros que han caracterizado toda su obra: estudio de caracteres, denuncia social, perfección y elegancia cinematográficas, y todo con un ritmo narrativo y un aliento épico dignos del mayor encomio.
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